Dentro del tanque de tu termotanque hay una barra de magnesio (o aluminio) que tiene un solo propósito: corroerse ella antes que el tanque. Por eso se llama "de sacrificio". Mientras el ánodo tenga material, la corrosión ataca la barra; cuando el ánodo se agota, la corrosión empieza a comerse el tanque. Y un tanque picado no tiene arreglo.
Es la pieza más barata del equipo protegiendo a la más cara. Y la más olvidada.
La referencia general es revisarlo cada 2 años y cambiarlo cuando está consumido. En zonas de agua dura (buena parte de Buenos Aires) el desgaste es más rápido. Un ánodo agotado no avisa con ruido ni con falla: el equipo sigue calentando normal mientras el tanque se corroe en silencio. Por eso el recambio es mantenimiento preventivo puro: cuando aparece el síntoma (pérdida por el tanque), ya es tarde.
Hay dos pistas tempranas: olor a azufre o "huevo podrido" en el agua caliente (reacción típica del ánodo agotado con el agua) y agua caliente con color u óxido. Si aparece cualquiera de las dos, la revisión conviene ya: puede que estés a tiempo de salvar el tanque.
La tercera señal ya no es temprana: humedad o goteo por la base del equipo. Ahí el tanque probablemente esté picado, y la decisión pasa a ser otra: te la contamos en la nota sobre cuándo conviene reparar o cambiar el termotanque.
El service preventivo del termotanque es simple: recambio del ánodo si está consumido, limpieza del sarro acumulado en el fondo del tanque (que le roba capacidad y eficiencia) y verificación de la válvula de seguridad y la termocupla. Con eso, un equipo bien cuidado dura el doble que uno abandonado, y gasta menos gas o luz para calentar la misma agua.
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